Poste y Gool

Caen Ante Valencia

El Valencia de Bordalás ya está aquí. El estilo de alta intensidad, voltaje y sufrimiento que imprimió a su Getafe la pasada temporada lo derrotó en la primera jornada de la actual. Se veía las caras con su ex equipo, lo anuló y lo convirtió en un grupo gris con poco de ofrecer más allá de las aisladas peleas de Sandro por revolucionar el partido, con luminoso final de 1-0.

La cita se supo aguerrida y los ‘ches’ la paladearon más y mejor. A los tres minutos, sus filas ya echaban de menos a uno de los suyos. Guillamón enfiló el túnel de vestuarios prematuramente, VAR y monitor mediante, después de entrar con los tacos a Maksimovic. Lo que parecía el preludio de un monólogo azulón se trocó en su peor pesadilla: no poder aprovechar su superioridad numérica.

Espoleado por el calor con el que lo abrigó el regreso de sus aficionados a Mestalla, el equipo local se erigió en dominante en líneas generales a pesar de contar con uno menos en el verde. Se impulsó en los minutos posteriores a la tarjeta roja, consciente de que sus rivales iban a esperar un pasito atrás. De hecho, no hubo sustituciones hasta bien entrado el segundo acto.

Los nervios le pudieron al Getafe. En cuanto se veía rebasado atrás, afloraban los errores. Djené cometió varios en la primera parte, aunque se redimió más tarde con varias intercepciones de mérito. No compensaron estas, eso sí, que derribara a Cheryshev en el 8′ y ayudara indirectamente a Carlos Soler a ingresar en el cómputo de anotadores en el 11′. Golpeo suave, aterciopelado, raso y preciso. Gol.

Esta debilidad en la línea defensiva, que procuró que el Valencia continuara arrimando más el electrónico al 2-0 que al 1-1 hasta el arreón madrileño de las postrimerías, explica por qué Soler, solo en el área, o Cheryshev, a quien le cayó un mal despeje de Djené, pudieran ampliar la ventaja. No sucedió, pero tampoco sucedía gran cosa en los dominios de Mamardashvili.

Hasta la traca final, cuyo tiempo añadido le obligó a sacar su mejor versión. Ante una volea en su área que había rebotado en uno de los suyos y alterado por tanto su trayectoria a última hora, maniobró con el cuerpo desde el suelo para elevar una manopla providencial. Lo celebró con rabia, sabedor de que había evitado unas tablas que hubieran sido prácticamente definitivas.

Esta no fue la única ocasión clave de la que gozó el Getafe, cuyos mejores momentos llegaron, curiosamente, después de sufrir también una expulsión. Corría el minuto 76 cuando Gil Manzano desenfundó una segunda tarjeta amarilla conservadora a Cabaco, quien ya portaba una amonestación y que llegó tarde a una entrada de la que él salió peor parado que su par.

Quizá por verse ya sin nada que perder, quizá porque fue cuando las sustituciones más interesantes que Míchel había dibujado surtieron efecto, los azulones llegaron a hacer a Mestalla entera comerse las uñas. Miles de ojos miraban de refilón el marcador buscando argumentos para que el árbitro pitara el final, una sensación que el fútbol echaba de menos.

Gil Manzano pitó con el 1-0 campando y al Getafe le tocó lamentar su oportunidad perdida. Queda mucho margen para trabajar, pero la sensación de frustración e incapacidad para generarles más problemas a los ‘ches’ es amarga. El Valencia, por contra, sonríe. Deberes cumplidos y triunfo de casta en el estreno de Bordalás.

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