Poste y Gool

Madrid Cea En Casa

Perdónenme el juego fácil de palabras, pero viene como anillo al dedo eso de que Athanasiadis fue el sheriff del Bernabéu. Él decidió quién pasaba por sus dominios y quién no. Y decidió que solo le daría permiso a un penalti de Benzema en el que, como el que está a punto de arrepentirse, estuvo cerca de sacar.

Cierto es que se puede enfocar desde el otro lado, el de las balas. ¿Fue el sheriff del condado lo suficientemente valiente y eficaz para barrer a los pistoleros? ¿O es que estos usaban pistolas de juguete y balas de intención como mejor arma? Eso se queda a elección del lector, aunque ambas versiones deben poder convivir sobre esos 90 y tantos minutos para la historia que se vivieron en el templo blanco.

Ese cuento con final feliz para los visitantes es ya para toda la vida. Los nietos de los protagonistas se sabrán de memoría cómo Athanasiadis paró hasta con la cara y, sobre todo, conocerán al dedillo cada metro que recorrió el zurdazo de Thill en el 89′ para abatir al Real Madrid de Carlo Ancelotti. Existen pocos guiones más perfectos que este para el Sheriff.

El guion esperado se cumplió en la primera parte en un altísimo porcentaje. Pocos dudarán de que este contemplaba a un Real Madrid volcado sobre la portería de un Sheriff que se defendería de la mejor manera posible, con el fondo del típico «disfrutad», «es una experiencia para toda la vida» que todos le dirían. Pero parece que no aprendemos. ¿Desde cuándo ha habido lógica en el fútbol?

Todo se cumplió, menos lo más importante. Y es que al final del primer tiempo, en el marcador se podía vislumbrar un 0-1 que a más de uno que no hubiera visto la primera parte le habría sonado, claramente, a un error de las obras del estadio.

Yakhshiboev y un mazazo soñado

Tuvo el Madrid una decena de ocasiones en la primera parte. Empezó bien pronto a atosigar al rival y ya en los primeros compases, Alaba y Vinicius avisaron al Sheriff. Especialmente premonitoria resultó ser la ocasión del brasileño, que recibió solo en el área y se dedicó a amagar y avanzar en paralelo para terminar con un tiro ya muy forzado. Llegadas, ocasiones, casis… pero sin gol.

Fue en el 17′ cuando empezó la leyenda del portero visitante. El griego Athanasiadis mandó a córner, en un vuelo a mano cambiada, un tiro de falta de Benzema. Poco después, Valverde se quedó cerca del 1-0, pero su disparo, que buscaba la escuadra, se marchó desviado por no mucho.

Parecía imposible pensar, en medio del arranque de los blancos, que llegaría el 0-1. Pero así fue. Yakhshiboev puso el 0-1 con un certero cabezazo al segundo palo tras un centro preciso de Cristiano desde la izquierda. El referente ofensivo cumplió el sueño que le habrá acompañado en más de una noche desde que la bolita les emparejó con los ‘merengues’.

Llegadas y ocasiones, pero ni rastro del gol

Aceleró obligado el Madrid en la recta final del primer tiempo. El Bernabéu se dio cuenta de que, hasta ahora, había mucha posesión estéril y mucha falsa sensación de dominio cuando, realmente, su equipo iba por debajo en el marcador. Por eso, empezó a enrarecerse el ambiente hasta que el Real Madrid se puso las pilas, pasó al ataque y comenzó con el asedio que haría conocido en el mundo entero al bueno de Athanasiadis.

Desde el 30′ hasta el 36′, fueron seis ocasiones claras en total las que tuvo el equipo blanco. La primera fue doble: Hazard, que dejó buenos minutos en la primera mitad, se coló en el área y combinó con un escorado Benzema que se topó con el portero con su centro-chut. El rechace le cayó a Miguel Gutiérrez en el palo contrario, pero su zurdazo se marchó alto.

Entre medias, llegó otro susto del Sheriff. Courtois salió del área mal, regaló la pelota y de nuevo Yakhshiboev apareció para, esta vez, quedarse muy cerca de otra celebración. Su disparo desde la frontal saludó al porte desde muy cerca. 

Volvió a respirar el madridismo en la grada y a apretar el equipo en el césped. Vinicius, acto seguido, intentó buscar la escuadra con un tiro algo escorado que no encontró el rumbo deseado justo antes de que llegase otra doble ocasión clara para los ‘merengues’. Hazard se adentró en el área y probó suerte, pero la mano del meta del Sheriff volvió a aparecer. El rechace le llegó a Nacho, que remató fuera con la cabeza cuando lo tenía todo para marcar.

Benzema completó el abanico de casis que se quedaron en nada. El francés se perfiló en la frontal y no encontró por poco una base del palo de la que pasó cerca la pelota.

Tras un breve respiro, llegó otro arreón antes del descanso. Hazard le dio más trabajo a Athanasiadis, que desbarató su centro-chut, y posteriormente, el portero volvió a decir «no» al gol blanco con una buena parada a Casemiro. Con el Madrid volcado pero sin suerte, llegó el descanso.

Benzema y lo que solo pareció

Todos esperaban un segundo tiempo arrollador por parte de los de Ancelotti, pero le costó el inicio a su equipo. En el 55′, Athanasiadis mandó a córner un disparo de Hazard desde la frontal en el que fue el primer aviso de la reanudación. El belga, que sería cambiado poco después, dejó rayos de esperanza con su fútbol.

En ese saque de esquina, Militao mandó fuera un remate claro desde la frontal del área chica. En cualquier otro partido, quizás esa ocasión o quizás algunas de las anteriores o de las que quedaban habrían subido al marcador. Pero la vida se empeñó en regalarle al Sheriff una historia para la eternidad.

Benzema y Vinicius se encontraron en el área con una buena combinación que desembocó en un disparo del brasileño bloqueado por la zaga. Fue lo último antes de que, con la llegada de la hora de juego, apareciesen unos fantasmas que, en cambio, parecían volar unos minutos después.

Vinicius pidió un penalti en el 61′ que parecía claro, pero no fue pitado. Un defensa le tocó por detrás con la bota y le hizo caer, pero el VAR, tras su revisión, no le dijo eso al árbitro. Sin embargo, en el 63′ llegó una pena máxima provocada por Vinicius que pareció menos clara. Cosas del fútbol y del VAR.

Benzema asumió la responsabilidad y logró, al fin, batir a un Athanasiadis que llegó a acertar su intención, pero que nada pudo hacer ante su gran definición. Karim empataba, adelantaba a Raúl como goleador blanco en Champions y dejaba el partido en lo que parecía un claro guion de remontada.

Un Madrid de balonmano y un Thill para la historia

Pero no fue así. Cuatro cambios metió Ancelotti de golpe. Kroos debutó este curso y entró junto a Modric, Jovic y Rodrygo. Se fueron Nacho, Hazard, Miguel Gutiérrez y Casemiro. Iba con todo un Madrid que ni imaginaba ni hubiera querido imaginar lo que se le venía encima.

El equipo ‘merengue’ comenzó a dar esa impresión de juego de balonmano que a veces sobrevuela a los grandes que dominan con pocas ideas. Parecía que toda la solución era buscar a Vinicius, acostado en la izquierda. El brasileño se atrevía siempre, removía el avispero y conseguía cosas, pero tampoco tuvo su noche de cara a puerta.

Movía el balón el Madrid contra el cronómetro. De banda a banda, paseándolo por la frontal, ante un Sheriff que soñaba con el punto. Imaginen si llegan a saber que el asedio quedaría en nada y que el gol sí que llegaría, pero para ellos.

Un tiro escorado de Vinicius, una parada con la cara de Athanasiadis a un pepinazo a quemarropa de Modric y otra parada del portero a tiro de Militao en el área fue todo lo que pudo fabricar el Madrid desde el empate hasta los últimos minutos. De hecho, asustó más el cuadro transnitrio, que llegó a marcar el 1-2, pero en fuera de juego. El VAR confirmó el buen ojo del asistente y dejó sin validez la diana de Bruno en el 71′.

Más clara fue la de Rodrygo, ya en el 82′, pero el brasileño mandó por encima del larguero un balón de miel y limón de Benzema desde la línea de fondo. Poco antes del histórico golazo de Thill, Jovic tuvo un remate franco que le acabó complicando el defensa con su inestimable ayuda. Solo tenía que poner alguna superficie en la que rebotase el gran servicio de Rodrygo desde la derecha, pero no supo hacer de la pared que necesitaba la jugada.

Y llegó. En el 89′, como en las buenas historias para toda la vida. Faltó aquello de que fuese de penalti injusto. Thill, como los mejores pistoleros de las películas, mató a su enemigo en el momento perfecto y con el tiro más estético y cinematográfico que podía realizar. Se sacó un zurdazo desde la frontal que se hizo imaprable gracias al efecto que le imprimió el exterior de la bota.

El Bernabéu, mientras volaba esa bola hacia casi la escuadra, no se lo creía. El Sheriff, que afianzaba así su liderato, incluso tendría miedo a creérselo. Pero pasó. La bola besó la red y ese equipo tan simpático para todos asaltó el Bernabéu gracias a la estrella del sheriff Athanasiadis y al pistolero Thill, dos personajes que escribieron una historia para toda una vida.

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