Poste y Gool

Inglaterra Avanza A La Final

Inventaron el fútbol hace más de 100 años, pero no habían estado presentes en ninguna final de Eurocopa. Dicen que lo bueno se hace esperar. Parecía que el momento era en 1996, pero el fútbol, su fútbol, fue cruel con los ‘Three Lions’. 24 años después, en una Eurocopa que no es suya pero casi, Inglaterra por fin estará en el duelo que todos quieren jugar tras superar en la prórroga a una Dinamarca que vivió un cuento casi tan irreal como el de 1992, aunque con un final mucho más amargo. Wembley, sede de la final, impartió justicia en un choque en el que Inglaterra dio un golpe histórico.

Pese a que la presión era máxima, los ‘Three Lions’, que ya dieron la talla en el último Mundial, quisieron demostrar desde el inicio que poco o nada queda de esa Selección Inglesa a la que siempre le pesaban los focos y el miedo a veces incluso paralizaba. Los pupilos de Southgate, sin rechistar, asumieron el rol de protagonistas y encerraron a Dinamarca en un gran primer cuarto de hora.

Kane comanda, pero Damsgaard golpea

Con Sterling tratando de generar desequilibrios, Harry Kane era el foco ofensivo de Inglaterra. El atacante del Tottenham, disfrazado de todocampista, aparecía por todos los sitios del campo. Desde la derecha, puso un balón de gol al que no llegó el propio Sterling por centímetros. Desde el medio, el ‘9’ conectó con el del City en la izquierda, pero su disparo se topó con Schmeichel.

Dinamarca no estaba, pero el paso de los minutos fue asentando sobre el césped del mítico Wembley al equipo de Hjulmand. Un aviso de Hojbjerg y un error en la salida de balón de Pickford espolearon a un equipo que logró equilibrar el choque hasta un punto en el que nada pasaba en el partido, con ambos conjuntos más pendientes de no cometer errores que de forzar al rival a cometerlos.

Este letargo en el que entró el encuentro fue difuminado por la figura de un Damsgaard que volvió a dejar destellos de su tremenda calidad. Primero, en el minuto 25, un disparo sensacional con rosca con su pierna diestra se marchó lamiendo la escuadra izquierda de la meta de Pickford. Un aviso de lo que estaba por venir casi de seguido.

Cuando se cumplió la media hora, el colegiado el neerlandés Danny Makkelie decretó una peligrosa falta en la frontal por un agarrón de Shaw Christensen. El citado Damsgaard fue el encargado de ejecutar un libre directo que se transformó en obra maestra mientras el balón cogía comba, superaba la barrera y se introducía en la portería inglesa.

Un empate que nace de las botas de Harry

La maravilla del danés ponía patas arriba Wembley y silenciaba a una afición local que pasó de abuchear el himno danés y animar a los suyos a estar desolada, viendo ya fantasmas del pasado. Tras el tanto, la televisión enfocó a un Kane que pedía cabeza a sus compañeros. Él demostró ser el que tenía las ideas más claras y de sus botas nacería la tranquilidad para Inglaterra antes del descanso.

Y es que segundos después de que Sterling desperdiciara ante Schmeichel la ocasión más clara del partido, Kane se sacó de la chistera un excelente balón al hueco para Saka por banda derecha. El del Arsenal pisó área, alzó la cabeza y vio la llega de Sterling completamente solo al área pequeña.Ahí puso el balón Saka, pero fue Kjaer y no Raheem el que mandó el balón a la red en su intento desesperado por cortar el pase.

El empate, en el minuto 39, dejó tocada a Dinamarca, que reculó y se encerró para aguantar como mínimo el empate al descanso. Inglaterra olió sangre y rondó el área de su rival, pero faltó colmillo y el descanso llegó con un equilibrio en el marcador que, visto el desarrollo del primer tiempo, supo mejor a la que sobre el papel era la favorita.

El inicio del segundo tiempo tuvo como protagonista a Harry Maguire. El central inglés, toda una amenaza en el juego aéreo, dio una de cal y otra de arena en dos balones colgados en los primeros compases de la reanudación. En el primero, el zaguero se llevó por delante a Kjaer y vio la amarilla. En el segundo, su testarazo estuvo cerca de ser el 2-1, pero Schmeichel lo evitó ‘in extremis’.

Ejercicio de resistencia

La ocasión espoleó de nuevo a una Inglaterra que comenzó de nuevo a empujar contra su área a Dinamarca. Hjulmand veía que su equipo cada vez sufría más ante una Inglaterra que, casi por inercia, visitaba el área más de lo deseable. Por ello decidió agitan un poco el manzano y dio entrada a tres hombres a la vez (Wass, Poulsen y Norgaard).

Los cambios llegaron a poco más de 20 minutos para el final del duelo. Southgate, que veía el duelo en el filo de la navaja, no se limitó a observar y dio entrada a Grealish para tratar de aportar fluidez y electricidad en el tercio final de campo. Sin embargo, con el paso de los minutos, el encuentro comenzó a cerrarse cada vez más.

Los espacios escaseaban, sobre todo en una zaga danesa más que replegada, y el miedo a perder con la prórroga ya en el horizonte se hizo gigante en Londres. Con ello, casi sin querer, ambos equipos firmaron un pacto de temporal de no agresión para decidir todo en un tiempo extra que se hizo carne con el silbatazo final de Danny Makkelie tras seis minutos de añadido.

Consciente de su superioridad y de que no le convenía jugarse el pase a la gran final en el cara o cruz de la tanda de penaltis, el conjunto de Gareth Southgate, al igual que al inicio del encuentro, salió dispuesto a embotellar a su rival. Nada más comenzar el tiempo extra, Harry Kane avisó con un disparo que Schmeichel repelió. Era un adelanto de lo que le esperaba al cuadro danés.

Y es que Dinamarca no salió de su área en unos primeros 15 minutos de la prórroga en el que solo existieron los ‘Three Lions’. Grealish Sterling tuvieron dos grandes ocasiones, pero el balón parecía negarse a entrar. Poco después, el jugador del Manchester City fue protagonista de la jugada que decidió el encuentro.

Sterling, el ‘9’ y a la final

En una de sus múltiples internadas al área, Raheem fue derribado y el árbitro de la contienda no dudó en señalar el punto de penalti para desesperación de los jugadores daneses. El VAR revisó la acción. El contacto parecía mínimo, pero lo había. El criterio del árbitro perduró y Kane colocó el balón para ejecutar la pena máxima.

Los grandes suelen fallar en momentos decisivos y Kane, con toda la presión sobre sus hombros, también lo hizo ante un gigante Schmeichel, pero la fortuna sonrió al ‘9’ que, en el rechace, cazó el esférico y lo mandó a la jaula sin ningún impedimento para colocar un 2-1 que, aunque desconocido por todos en ese momento, fue definitivo.

Dinamarca, obligada y con el tiempo en contra, apretó y asumió riesgos. No le quedaba otra. La fe danesa había movido montañas en esta Eurocopa desde el mismo día del debut, pero lo de este miércoles era el Himalaya Inglaterra logró el pase a la primera final de Eurocopa de su historia. Ya lo cantaban sus hinchas estos días sin cesar. «Football’s coming home». Y el título está a un solo partido de quedarse en casa.

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